Al pasarme al menos una hora al día conduciendo en el agobiante tráfico de Addis Abeba, me encuentro que el argumento no está aún del todo cubierto por otro post que escribí sobre el tema.
Los atascos son muchos y variados, y una real y a menudo imprevisible amenaza para los nervios del pobre ferenji que se preocupa de llegar puntual al despacho o a una cita.
El más clásico, complejo y, desgraciadamente, frecuente es el atasco por obras.


