El peso de la diferencia

Caminar por Addis Abeba no es una actividad del todo fácil para un “ferenj”, porqué es uno de aquellos momentos en que se siente más el peso de la diferencia.

Hay que anteponer que en Etiopía se hace muchísima vida en la calle: la mayoría de casas populares son sitios donde encontrar cobijo, guardar las pocas pertenencias, y con un espacio a menudo informal donde poder ofrecer un té o un café a las visitas, mientras los ricos, al contrario, viven bastante encerrados en sus torres con alambre electrificado, y se desplazan en coche hasta para ir dos calles más a bajo.

Entonces resulta que las calles están siempre abarrotadas de gente, muchas personas van y vienen ajetreados en sus oficios, y otras muchas simplemente están allí, esperando que algo o alguien pase. Por supuesto que para estos la aparición de un “ferenji” es una ocasión de gran alboroto que no se puede dejar escapar sin decir nada.

La forma más típica de llamar la atención es el “you you!”, traducción literal del “ante” (tu) en amárico; si le haces caso, fácilmente le sigue “where are you go?”, que parece ser un error compartido por una buena parte de los merodeadores urbanos.

Hay que decir que, sobretodo al principio, me llamaba la atención la afabilidad y la amigabilidad que en general se efundía de estos encuentros, y por contraste me imaginaba al inmigrante etíope deambulando por nuestras calles, que en vez de cordialidad, seguramente, recibe sobre todo malas vibraciones de los otros transeúntes.

Agradecer esta amabilidad, y las ganas de practicar un poco de amárico, me han llevado a dar cuerda en algunas ocasiones: así se entrecruzan los saludos, ellos se sorprenden que hables algo de su idioma, le digo de donde vengo, incluso se encuentra algún temita sobre que compartir visiones y tal… pero así que la conversación se estanca un poco, en muchas ocasiones (no todas!), su interés y simpatía derivan lamentablemente en la típica y más o menos insistente petición de dinero…

Esta es, tal vez, la realidad que más me cuesta de llevar aquí, el verdadero peso de la diferencia es, para mi, el hecho de que ser blanco signifique ser visto como un dólar con patas.

Esta es, desgraciadamente, la imagen que ellos tienen de mí, a pesar de defenderme en su lengua, ir a pie o en bus como ellos e ir a comprar en los mismos comercios.

En el fondo no es otra cosa que un estereotipo, aunque con un matiz positivo, ya que para ellos represento una imagen de bienestar muy deseada, pero es un estereotipo, con todas sus consecuencias: aunque envíe señales discordantes, es muy difícil salir de la casilla que me ha tocado… pero entonces vuelvo a pensar a aquel etíope que vive en España, trabajador, honesto y con iniciativa, que lucha contra los estereotipos que los europeos asignamos a los inmigrantes, y ,a pesar de la inversión de valores, siento cierta hermandad y similitud entre nosotros y nuestras ganas de luchar para ser diferentes al rol que nos quieren asignar.

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